lunes, 10 de noviembre de 2014

GRAN VIA 1 EDIFICIO GRASSY (VIVIENDAS PARA LUIS OCHARAN MAZAS)




En el privilegiado terreno entre las calles de San Miguel y Caballero de Gracia donde se levantaba el sencillo palacio exento de la duquesa de Sevillano que ofreció infructuosa resistencia a la apertura de la Gran Vía al ver amenazada su morada , se levantó entre 1916 y 1917 un edificio singular concebido para el potentado castreño Luis Ocharán Mazas por su arquitecto habitual, Eladio Laredo Carranza, que quiso ofrecer una alternativa españolista al estilo afrancesado de la vecina sede de La Unión y el Fénix.

Ambos edificios ofrecían mucha similitud en la disposición impuesta por el solar, con los cuerpos paralelos a las calles limítrofes convergiendo en una rotonda que se configura exteriormente como un gran torreón cilíndrico, que en este caso se corona por un ligero templete circular abierto a modo de tholos sostenido por columnas corintias pareadas, sobre el que cabalga un segundo templete o linterna.

Para diferenciarse de su prestigiado precedente, Laredo rechazó el estilo Beaux-Arts de su vecino, y en las fachadas acumuló sin demasiado acierto de conjunto numerosos motivos tomados del repertorio plateresco que se amalgaman con otros detalles tardomodernistas como las figuras femeninas sobre los portales , e incluso paradójicos elementos franceses como las mansardas de zinc de los torreones laterales ; destacando algunas piezas que demuestran el altísimo nivel alcanzado por los oficios artísticos del momento, como los batientes de hierro repujado de los portales, los zócalos cerámicos del paso de carruajes, o los paneles alicatados con grutescos sobre fondo dorado que decoran los tímpanos superiores, para los que en 1916 se pidieron diseños a la acuarela al prestigioso ceramista Daniel Zuloaga aunque la única firma visible reza "Millán" ; por lo que no sorprende que en 1918 mereciese una "mención honorífica" en los premios del Ayuntamiento a las casas mejor construidas en 1916, que es la fecha que figura en la fachada.

Desde el punto de vista tipológico, éste es sin duda el edificio residencial más singular del primer tramo de la Gran Vía, pues se puede describir como dos inmuebles adosados, enlazados en planta baja por un paso de carruajes que atraviesa desde la avenida citada hasta la calle del Caballero de Gracia, para permitir a los propietarios bajar a cubierto desde su vehículo casi directamente al pie de las escaleras de acceso a ambos.

La escalera izquierda da servicio sólo a dos pisos "dúplex" superpuestos completamente exteriores, que contaban con un hall distribuidor triangular de doble altura rodeado por los espacios públicos de recepción y servicio dispuestos en las crujías adosadas a las fachadas exteriores: cocina con comedor de criados, fregadero y office , comedor, sala circular en la esquina, salón, despacho y biblioteca, además de la escalera privada que permitía acceder al piso superior, con una galería que rodeaba el vacío sobre el vestíbulo central para dar paso a no menos de siete dormitorios principales y dos de servicio, reservándose la rotonda para gabinete y tocador.

La escalera derecha servía a una construcción más convencional con un único piso por planta, con las habitaciones de recepción despacho, salón, comedor, "saloncillo" y el dormitorio principal mirando hacia la Gran Vía, y las de servicio cocina, office, fregadero, y el comedor de criados, además de diez dormitorios servidos por un único baño con retrete independiente , abiertas a la fachada trasera a Caballero de Gracia y a dos patios de luces interiores, a los que hay que sumar el principal que ilumina ambas escaleras y se cierra con una montera acristalada que protege el paso de carruajes antedicho.

Esta singular disposición se refleja fielmente en la fachada, de modo que el edificio con vuelta a Caballero de Gracia se divide claramente en tres franjas horizontales, correspondientes al zócalo comercial y los dos pisos palaciegos antes descritos, individualizados por el orden columnado que los señala en la esquina y el balcón corrido a la altura de las estancias públicas; mientras que en el inmueble contiguo y por salvar la simetría esta disposición se reserva sólo para los cuerpos extremos, dividiéndose el tramo central en los estratos habituales de zócalo, cuerpo principal y ático de coronación; pudiendo observarse una disposición similar en el alzado a la calle trasera de Caballero de Gracia.

Al tiempo de la inauguración se instaló en el privilegiado local de la esquina el restaurante Sicilia Molinero, que renovó sus instalaciones en 1933 siguiendo un espectacular proyecto moderno del arquitecto Luis Gutiérrez Soto (autor del famoso bar Chicote de la acera de enfrente); aunque fue sustituido en 1952 por la Unión Relojera Suiza, que encargó el diseño de su nueva tienda al arquitecto Manuel Ambrós Escanellas, que empleó aquí las primeras lunas securizadas de nuestro país que eran simultáneamente las de mayor tamaño, alcanzando la mayor 8 m de longitud , convirtiéndose con el tiempo en la joyería Grassy, perteneciente a la misma familia.

Este local se encuentra protegido en el catálogo municipal de Establecimientos comerciales. También instaló aquí su sede la filial española de la empresa neoyorquina de pianos y pianolas The Aeolian Cº, que incluía la llamada Sala Aeolian para audiciones musicales, inaugurada con tres conciertos de exhibición, pero que hacia 1934 ya había extendido su campo de acción a los aparatos de radio, e incluso los "refrigeradores" y neveras; mientras que en los pisos superiores encontraron acomodo la Casa de Levante abierta en 1932 con salas de conversación, biblioteca, aulas, "bar y restaurant", y peluquería para los socios , y la pensión Maison Française.

Desdichadamente, y a pesar de la importancia de su escenográfica posición, este inmueble es uno de los que más pérdidas decorativas ha sufrido en la Gran Vía, pues en 1969, se desmontaron los anuncios y se reformó la fachada según un proyecto del arquitecto José Carlos Laredo Serrán, desapareciendo los grupos escultóricos de parejas de niños que circundaban la base del templete de coronación, así como las cresterías de guirnaldas y los pináculos que rodeaban la linterna superior, e incluso el singularísimo remate de la misma: un gran capitel corintio de exagerado vuelo, que sostenía un trípode clásico de hierro fundido en enigmática referencia al oráculo de Delfos.

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